¿Y ahora, qué?, por @SrGines

Perdió la Deportiva (2-3) frente al Navalcarnero y una situación que a priori parecía puntual, está comenzando a convertirse en crónica, con todo lo que ello acarrea. Y todo ello sin que el de hoy haya sido ni mucho menos el peor partido de los que hemos visto últimamente en El Toralín, pero ya se sabe, a perro flaco….

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Se pidió gol en esta jugada del primer tiempo pero el balón no entró completamente.

La verdad es que no sé ni cómo empezar, ni qué decir. Estoy atónito. Sin palabras. Con un estado de ánimo entre la decepción, el cabreo y la catatonia. Y he de decir que hoy no he visto falta de actitud por parte del equipo. Al menos yo no la he detectado. Igual alguien sí, yo no. Pero he visto lo que llevamos viendo estas semanas, un equipo plano y romo. Con menos filo que un bote de ketchup y menos fútbol que un equipo de curling. Hay poca movilidad y mucho estatismo, no es nuevo, pero resalta cuando un equipo que apenas tiene nada, te gana casi todas las jugadas simplemente por agresividad. No estuvo mal el equipo en la primera parte, es cierto. Tuvo el balón y se acercó con realtivo peligro, pero aún así el rival, con poco le hacía ocasiones más que meridianas, incluso un gol fantasma que no llega a entrar por completo en la portería. Con el 0-0 inicial se llegó al entretiempo.

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Andy puso algo de esperanza con este testarazo inapelable.

En la segunda parte el panorama cambió. Parecía que la Deportiva quería volcar el partido de su lado, incluso Román está a punto de poner a los blanquiazules en ventaja al poco de empezar. Pero a la jugada siguiente, se rompió el cántaro. Tanto y tan claro había llegado el Navalcarnero, que aquello tenía que reventar por algún sitio. Y reventó a balón parado en un jugada defendeida de chiste. Como es lógico la Deportiva se volcó. O al menos lo intentó. Y en una contra a la salida de un córner a favor de la Deportiva, nos vacunaron de nuevo. En un arranque de vergüenza torera Andy redujo distancias, y hay que decir que el equipo lo intentó. Con más corazón que cabeza. Con más empeño que fútbol. Eso no se le puede negar. Incluso llegué a oir el “si empatamos, ganamos”. Al Navalcarnero le temblaron las canillas con el gol, pero al final, en otra contra, finiquitaron los madrileños el partido con un golazo imparable ni con seis porteros. Aún con eso el equipo no se dio por vencido y en el descuento Jon García consiguió maquillar el resultado. Pero la pregunta, la verdadera pregunta que yo me hago ahora mismo es ¿y ahora, qué? Yo no lo sé. Ni sé lo que va a pasar, ni siquiera sé lo que debería pasar. Casi a cualquiera que le preguntes te dirá que deben rodar cabezas, pero depende de a quién le preguntes, te dirá una cabeza u otra, hasta tres posibilidades. Yo la verdad es que no lo sé, y doy gracias a Dios por no tener que tomar las decisiones, porque sinceramente no sé lo que hay que hacerse, ni cómo hay que hacerlo. Sólo espero que a quien haya de hacerlo o tenga mucha suerte o le asista la Divina Providencia. Porque el enfermo está grave y de momento nadie sabe ni el diagnóstico ni el tratamiento. De momento lo que toca es ir a Guijuelo e intentar no perder, porque una derrota nos mete en descenso, e incluso es posible que no perdiendo también caigamos, así que, por favor, ganen en Guijuelo y empiecen a alejar fantasmas. Un saludo.

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